Un cierre de año, un inicio de otro

El sábado a la tarde no fue un día más de la siempre latente cotidianeidad del mundo, un evento exposición de distintos talleres de la Escuelita de Arte de médanos tomaría las riendas y rompería con el molde típico de la tarde. Antes que nada agradecemos la invitación, es de suma importancia saber que estamos siendo considerados.

No fue un encuentro más, este cierre anual con muestras significó la convergencia de todos los esfuerzos de un año largo -como si hubiese más días, ja-. Guitarras, bicicletas, niños y grandes reunidos en un encuentro que tuvo todo lo que tiene que tener una institución de este calibre. Empecemos!

Portada.jpg
Invitación por facebook

La Tarde

La cita estaba pactada para las 17:30 en EIFAIM. Con un clima rimbombante, caluroso por partes y frías -muy frías- por otro, la escuelita recibía a sus visitantes con las puertas y portones abiertos a quienes quieran disfrutar de una tarde familiera.

Con fecha y hora fijada, una vez iniciada el evento,  se puede observar de derecha a izquierda una escuelita totalmente  limpia, ordenada y preparada para despedir el año con todo lo que tiene, y no es poco: luces de navidad en arbolitos verdes y florecidos, con cierto aroma cítrico; por el patio un amplio espacio ocupado meticulosamente por sillas de madera “rusticas” y mesas de colores “random”.

IMG_20161210_192854.jpg
Patio con colores “aleatorios”

Al fondo de la escuelita está el siempre imponente escenario central. De puerta amplia y vidriada, ella oculta lo que ocurra dentro. Solo sonidos de música alegre y movida se oía de afuera, lo cual invita a curiosear, y allí fuimos  -claro-. Una vez dentro, había gente ¡mucha! Niños y no tan niños expectantes esperando su turno y mientras los más grandes se quedaban acomodados confortablemente en las sillas, orientadas a los aros colgantes de los viejos tirantes de la escuelita.

img_20161210_205417
Los aros delante del escenario

Con la música fuerte meticulosamente seleccionada, las chicas suben y bajan de los medianos aros, entrando y saliendo –si es que se puede afirmar tal cosa-, con movimientos envolventes y zigzagueantes. Toda una coreografia impecable, con el soporte requerido puesto para que brille el arte. Luego de una cuantas y prolijas rutinas, el llamado de la conductora, Agos en esta oportunidad,  se escuchó pidiendo que todos recorramos la escuelita, se abrían las muestras de los talleres.

Cerca de las 19hs, ya fuera del escenario ¿principal? la recorrida fue para bien, inclusive sorpresas. De lo estipulado y respondiendo al llamado de los parlantes, nos adentramos en los diferentes talleres.

Las habitaciones-aulas tienen estructura simétrica y pisos de madera un poco gastados pero íntegros. Dentro de una de las aulas estaba Guille, el profe de guitarra; de tupida barba morocha, remera negra y los dedos sobre las cuerdas, él acompañaba a “sus chicos” con los que estuvo y está en todo el año. Los pequeños estaban sentados en unas sillas, tomando una guitarra que en algunos casos superaba ampliamente la talla de los alumnos. Con voces naturales y dulces, el repertorio variado de canciones se lució sin disimulo.

IMG_20161210_194759.jpg

En la habitación contigua había una muestra de fotografías, también realizadas desde la escuelita; muchas de ellas colgadas de izquierda a derecha con distintas temáticas: a color, en blanco y negro, abstractas, paisaje, etc. Sobre la pared derecha un mural y una frase que deja picando:

“QUE EL FUTURO NO ME SEA INDIFERENTE”

También como parte de decorado algunos sillones y unas corazones de cartulina colgando al lado de un espejo extrañamente colocado allí. Al centro de la habitación yacía una mesita meticulosamente puesta, con cámaras viejas, una kodak de unos varios años –no lo sabemos precisamente, eran muchos sin dudas-.

IMG_20161210_195129.jpg

Por fuera, sobre el pasillo, baldosas tupidas de polvillo. Susurros de cantos paseaban por las glorietas, el alma de la escuelita estaba allí, a esa altura del día EIFAIM mostraba su potencial a quienes la conocen y a quienes se presentaban por primera vez.

Pasada las 20hs un azul tornasolado cubre el espacio de recreación en las instalaciones de la calle Irigoyen 59. Ahora la voz de las locutoras, Agos y Cami piden o más bien avisan que vayamos al escenario de afuera, que en algún momento se lo convertirá en tal. Con ese motivo, nos trasladamos de los pisos de madera y pasillos por un patio limpio y repleto. Se rumoreaba que habían trabajado arduamente los ávidos colaboradores de la EIFAIM. Próximas actividades: folclore, canto, y cierre de “El Rejunte”.

Alguna charla de entre tantas

Con cada vez más presencia de gente ante la caída del sol, los organizadores iban y venían, algunos atendían la cantina, otros acomodaban. Entre todos estaba su presidente, Liliana Valenti y para no desperdiciar la oportunidad, entablamos una breve pero concisa conversación, todo ello en los pasillos temporales del patio formados por las mesas y sillas. Comienza “Lili” diciendo:

  • Estamos cansados, no por ahora, sino por todo el año… fue largo…
  • Pero…¿eso es bueno o es malo?
  • Nooo! Para nada, es buenísimo! – exclamó- La escuelita creció mucho durante todo este año, muchísimo la verdad…
  • Y para el próximo año ¿que se viene?
  • El año que viene esperamos con todas las ganas seguir abriendo talleres, seguir creciendo como lo hacemos. La gente ha perdido mucho ese resquemor hacia nosotros.
  • ¿Qué cosas perdieron? –pregunté cómo acto de reflejo-.
  • Esas que te estigmatizan con un gesto o una mirada, las que por tantos años nos apuntaron con un dedo: por suerte ya eso no lo vemos, no lo sentimos.¡ Eso no te imaginas lo que vale!
  • La verdad, no…
  • Bueno, tomá! – y me entrega una peculiar encuesta en un hoja A4-

Ya lejos, muy lejos de la conversación observamos la encuesta. Cinco preguntitas sinceras: ¿Por qué venís a la escuelita? ¿Qué te gusta? ¿Qué no te gusta? Y algunas más…

Esas hojas fueron repartidas a todos los que visitaron EIFAIM, cada tanto se observaba gente con lapicera en mano y hoja sobre la mesa, sobre una pared o un simple pliego buscando firmeza en el endeble papel.

La noche

Ante la inminente llegada de la luna sobre nuestros hombros, ya solo restaban unas cosas más por cumplir, para nada menor, claro. Para eso el -podremos decirle- coro se armó de adultos y chicos. Entonando al unísono un repertorio de canciones acoplados a todos los tiempos, atemporales, de esos que cuando se lo tararea se los vive, se los siente. Chacareras y zambas sonaron por el patio un buen rato, un buen momento.

IMG_20161210_200957.jpg
Los ladrillos abajo: futuro escenario externo

Para seguir armando esta peña de cantores, ahora se sumaban los bailarines. Ellos estaban sin atuendos típicos de la danza folclórica; los caballeros simulaban botas de campo y cuero con unas modernas “Nike” y las mujeres a sus blazers de indumentaria gauchesca, queda más que claro que no hay nada que detenga al cuerpo y las distintas expresiones. Algo destacable es la soltura, al menos esa jornada no se vivió ese sentido del “qué dirán”, la consigna o mejor dicho filosofía es la de libertad y respeto en EIFAIM.

img_20161210_212214
La poca luz no intimidó a nadie

Para no seguir ensanchando este relato, vayamos a los puntos finales de la jornada. Para las 21:30 toman lugar y se posicionan los chicos de “El Rejunte”, reconocida banda de cumbia de Médanos. Probaron sonido, y unas vez listos hicieron lo que mejor saben hacer: animar y cantar a la gente; allí estaban poniéndole humor, y tocando un compilado de temas movidos. Tanto fue el entusiasmo que enseguida se armó una pista de baile.

Y no muy lejos estábamos el resto allí, esperando que termine la jornada extensa. Dicen que las buenas cosas nunca deben terminar, es una afirmación del corriente, pero también podemos agregar que hay algunas cosas que cumplen su ciclo, su tiempo, su recorrido que en este caso fue organizado desde la escuelita de arte. Desde BdM deseábamos que termine para que el aplauso sea para todos: organizadores, colaboradores, anónimos, presentes e invitados.

Hay una frase que dice:

“El aplauso es el idioma del entusiasmo, el aplauso espontaneo es el regalo más hermoso, también puede castigar. Un gran aplauso es un canto a la vida, un canto a la alegría”

Por eso y muchas cosas más, le brindamos un gran y enorme aplauso a la Escuelita de Arte, que le cantan la vida y la alegría. Gracias por tanto, perdón por tan poco.