“Prueba y Error” Esteban Iturain y un libro desde adentro

Único medio acreditado…. Naa chiste, fui como uno mas y así me retiré. Crónica de un domingo lluvioso y emocionante.

Una noche de poesía

Domingo por la tardecita Esteban Iturain presentó su libro titulado “Prueba y error”. El mismo está basado y tiene como sustento ser un libro independiente y libre de la vertiginosidad de los tiempos actuales, libre de editoriales, textuales palabras. El libro en algún momento lo analizaré, ahora quiero enfocarme en lo que fue una tarde-noche magnifica cargada de nostalgia, estrofas y cantos.

Fue cerca de las 19:50 cuando todos los que estábamos en la Biblioteca Popular Mitre debimos voltear nuestra mirada, tomar nuestras cosas y pasar al pasillo contiguo de la puerta de entrada. Oscuro, silencioso y misterioso debíamos hacernos lugar en alguna silla que rápidamente se fueron llenando. Con un decorado totalmente atípico: algunas pocas velas, entre los estantes cargados de libros, serian el sustento lumínico de la velada, en el fondo papeles de diario puestos de manera prolija hacían un decorado bien logrado. A la derecha un piano, a la izquierda una mesita de estudio con papeles y por supuesto una vela.

Fueron algo así como 5 minutos de escuchar una música ¿rara?: era un loop de un instrumento africano llamado didgeridoo en la penumbra minuciosa, ni el autor ni sus secuaces se encontraban en el lugar. La música acompañaba cada cierto tiempo cíclico una voz de Alejandro Dolina pudiendo escucharse “¿Qué es lo que nos resulta mash urgente? ¿Huir de lo que nos asusta?” con su peculiar tonada de una sh arrastrada ¿Ilusión auditiva? No lo sé.

Ya pasado un tiempo pensé dos cosas: o nuestro autor desapareció apabullado por la tremenda convocatoria o este es el plan y en cualquier momento se aparece. Por supuesto que decanté por la 2° opción, me negaba rotundamente a la primera. Todo el auditorio repleto esperando: familiares, amigos e invitados de otros lares, anunciaba lo que sería una noche perfecta.

Corría la música de fondo, con ese discurso extraño que de a poco se iba rayando como un CD; de repente y luego de la constante repetición de una voz aparece un cambio de ritmo y pasada una señal de alerta en ese loop pegajoso y a continuación suena una alarma de despertador. Esa es la señal para abrir paso a nuestro escritor; aparecieron desde nuestras espaldas: Agostina, Fede y por supuesto Esteban. Se desplazaron en el estrecho pasillo de sillas, asomaron con una caminata  de manera robótica, sistemática y con clara alusión a una máquina, y de allí cada uno a su lugar: Agos en el medio tocando algunas cosas, Esteban en el escritorio y Fede al piano.

Ya todos en sus posiciones y con ese interminable loop Esteban comienza con unas estrofas de su libro “y es que noto que a fin de cuentas estamos simplemente ahí….”

Fede sale al piano, entona estrofas al estilo de Fito. Animado –supongo- por la cantidad de gente que allí estaban; luego Esteban lee y Agos irrumpe con elevación de tono: interconectados y sincronizados, termina uno y arranca el otro de forma aleatoria así durante toda la noche.

Lo leído por Esteban fue desde una mirada al pasado no muy lejano, con recuerdos implícitos de su familia y otras cosas. Pero también hay que decirlo, es un libro y la interpretación que tenga un simple lector será más acotada que la de su autor pero no por eso menos importante, en definitiva ¿Por qué leemos/escuchamos un libro de poesía? Porque queremos zambullirnos en la escritura y el mundo propuesto, siempre tan rico en cada escritor.

Ya tendré la oportunidad de hablar con Esteban, el domingo no quise y también vi que estaba complicado de poder cruzar algunas palabras, tan solo no me pareció el momento ideal. Su familia y entorno no veían a la estrella que yo sí, por eso decidí hacer lugar a la naturaleza del momento.

Y entonces ¿Qué miraban en Esteban si yo veía una estrella y ellos no? Observando los rostros y los mirada de cada uno de sus más allegados lo replicable en cada caso fue de ojos rebalsados de orgullo -aunque podía entras más sin duda- y mejillas sonrientes. Era eso, no más o sí pero de cara a cara era eso. ¡Qué alegría en el aire! ¡Qué felicidad! ¡Qué magnifico todo y sucedía en Médanos!

Volviendo a la lectura de Esteban, de su hora y minutos de recorrido, el relato selectivo ahora transcurre por el año ’66 con la asunción de Ongania seguida de la transmisión radial de ese lejano 29 de junio del ‘66. Familia, campo, e infancia no vivida por cuestiones obvias del tiempo, pero si escuchada y transmitida: relato de su padre donde el molino giraba al ritmo de un viento constante o una parra que había adoptado una hamaca hecha de una tabla de la manga del ganado. Cosas así dichas y escritas  en tan buena retrospectiva muy palpable para todos los medanenses.

Los otros años alusivos fueron los inolvidables ’80, con crítica mirada a las épocas aquellas de golpes militares, derrocamientos de gobiernos y restauración de la república -por encima de la democracia, ridículo- que tan mal le hicieron a la sociedad. El nefasto Videla aparece en su lectura; Esteban eleva el tono y entona la voz de un mandón tal cual lo hizo en su momento el General. En tan pocas líneas de lectura pone en relieve dos cosas para nada menor: orden y subversión de su narrado Videla que exclamaba para  empezar o terminar sus frases ¡¡Aaaaatención!! Y  a continuación una mínima pero puntual descripción de algún relato: altoparlantes de alertas para que todos vuelvan a sus hogares, en las esquinas del centro deportivo del pueblo. Aquellas épocas tuvieron todos los condimentos sin dudas.

Avanzando en la lectura y canto, acompañado de música constante, de entre el público emerge gente poco nítida por la pobre iluminación de las velas en frasquitos. Esa gente sale cantando a cappella algo relacionado o no con lo dicho por el autor. Las canciones usadas son contemporáneas balbucearon algunos los espectadores que de a poquito movían la rodilla y chapoteaban al unísono.

libro
Tapa del libro: molino, flores, espejos…

De finales concretos, resumen de una velada emocionante

Ya cerca o pasadas las 21, no recuerdo bien ya que mi celular solo estaba para grabar la presentación, estaba como todos: concentrado. Dejando de lado las cuestiones familiares con esa mirada que me atrevo a decir nostálgica pero eso corre por mi cuenta y luego de haber desarrollado épocas truncas del pueblo, ahora nuestro presentador decide romper con el esquema y da paso a su juventud, habla por él y por los que no pueden.

“No sabes nada pibe”. Así relató ya al final de la presentación, una conversación ficticia entre un hombre mayor y un pibe. Un relato clásico que a muchos nos ha tocado escuchar más de una vez, algunas a manera de reproche y otras por la prepotencia y el dezmero que se le tiene a la juventud obligada a salvar el futuro de un presente que muchos de ellos destruyeron. “El pibe vos nos sabes nada” es la muestra imponente de la sociedad que abruma a los jóvenes, traidores de la nación y  traidores de todo aquello que alguna vez supo ser lo que debía ser porque así debía ser. “Éramos capital nacional del Ajo”, dice este personaje anónimo, “antes se tomaba agua y ahora ni un meo en este pueblo del diablo”. ¿Qué decir de esto? “Los tiempos jodidos de ahora” prosigue el viejo “sabio”: los hombres maricones y hippies son el germen a pulverizar. Es el resumen perfecto de las barreras enormes impuestas en antaño y actualmente resistido que por ¿suerte? se va diluyendo.

Los tiempos han cambiado, pero no por eso terminados. Ya los maricones caminan de la mano con su pareja, los pibes fuman porro en la plaza escondidos de una autoridad que no entiende de trato, y ¿entonces? ¡Qué absurda la cruzada y batalla librada en aquellas y estas épocas! Los gordos son felices comiendo en la placita y los flacos felices con sus  guitarras. Es así, y a gran parte de la sociedad no le gustó ni un poquito como aquellos pibes pensaban, hacían y revolucionaban la sociedad “perfecta”.

Para ir concluyendo, y fuera de toda apreciación acotada por mi fuera de lo que propiamente fue la presentación del libro “Prueba y Error” quiero ahora sí destacar el valor de tal encuentro. Lo que has leído es lo que he sentido, me gusta siempre decir que para hablar de hechos solo hacen falta unas pocas líneas, pero conmigo como con otros, podrás encontrar una crónica y ensayo de lo vivido y percibido. Lamento si buscabas una nota informativa, no es lo que pretendo hacer ni bien supere los 10 renglones de escritura.

El libro lo  podes encontrar en locales de Médanos, como en la Biblioteca Mitre. Si me debo guiar por lo escuchado, lo recomiendo porque el hecho de que sea un autor de la localidad le da tantos matices propiamente del pueblo con la que sentirnos tocados, y porque con cada oración que terminemos de “Prueba y Error” estamos apoyando en cierto modo a nuestros artistas locales. Ojalá tengamos más Esteban contando historias, más bibliotecas donde ubicar el evento pero que nunca falte público retribuyendo un rato de incalculable valor.

 

4 comentarios

  1. Hermoso tu relato de lo vivido el domingo. Gracias Fede. Felicito tu trabajo! a seguir haciendo lo que ha uno le gusta y apoyemos siempre la cultura local !!

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